En cada Copa del Mundo, millones de aficionados se uniforman con los colores de su selección, las camisetas se convierten en símbolos de identidad, orgullo y pertenencia. Pero detrás de esa prenda que llega a tiendas físicas y marketplaces digitales, existe una cadena logística compleja y globalizada, la cadena del retail deportivo.
Poner millones de camisetas oficiales a disposición de los aficionados en el momento exacto es uno de los mayores desafíos de la cadena de suministro global. Errores en el cálculo y transporte pueden costar millones en inventario obsoleto, si se produce y distribuye demasiado, o por el contrario, descontento público ante falta de inventario de su equipo favorito.
Las camisetas de fútbol no siempre fueron un producto de consumo masivo. Durante gran parte del siglo XX, su uso estaba limitado a los jugadores profesionales. Es a partir de los años 70 y 80 cuando se convierten en piezas de fan merchandise, impulsadas por la televisión, la globalización del deporte y el auge del marketing deportivo, así como la participación de empresas como Adidas, Nike o Puma, que vincularon el deporte con la comercialización a gran escala, así como acuerdos de patrocinio con selecciones nacionales.
A partir de ahí, los jerseys dejaron de ser solo equipo técnico para convertirse en un negocio millonario, donde cada Mundial marca el lanzamiento de nuevas colecciones, ediciones especiales y campañas globales.
El mercado mundial de camisetas de fútbol supera los 8 mil millones de dólares anuales, Adidas es la compañía que lidera la venta de playeras de selecciones nacionales, y el jersey de la Selección Mexicana es uno de sus productos más vendidos, en el periodo 2025 y 2026, se venderán entre 1 y 1.5 millones de camisetas del Tri, esto representa entre 115 y 172 millones de dólares en ventas.
Detrás de cada camiseta hay una red logística global que comienza a miles de kilómetros del punto de venta. Actualmente, marcas líderes externalizan la producción casi en su totalidad. En el caso de Adidas, por ejemplo, casi el 100% de su manufactura se realiza a través de socios independientes, principalmente en Asia, esto responde a factores clave como, capacidad de producción a gran escala, costos competitivos e infraestructura industrial consolidada.
El recorrido típico de un jersey mundialista incluye: diseño y desarrollo (en Europa o Estados Unidos), producción en Asia, transporte marítimo o aéreo hacia América, distribución en centros logísticos, para llegar finalmente al retail o e-commerce.
El caso de la Selección Mexicana es particular, con una variación relevante en la cadena logística. Las camisetas oficiales del Tri, para venta al público, son manufacturadas en México, específicamente en Irapuato, Guanajuato, en una planta operada por Grupo Martex en asociación con Manufacturera MYR. El 50% de la producción es para consumo nacional, y el otro 50% para el mercado de Estados Unidos.
“Este modelo híbrido es muy interesante: Adidas mantiene el diseño, el desarrollo tecnológico y la comercialización, pero la producción se realiza en México. Desde la perspectiva logística, esta decisión reduce tiempos de traslado, permite reaccionar más rápido ante picos de demanda y fortalece la cadena de suministro local antes, durante y después del Mundial” comenta Marco Reyes, Country Manager de Flete, marketplace que conecta a transportistas con generadores de carga para eficientar el movimiento de mercancía terrestre.
Para el directivo, el Mundial introduce una variable crítica: la demanda de camisetas de diversas selecciones no es lineal, es explosiva y altamente emocional. Las ventas de jerseys aumentan en momentos específicos: lanzamiento oficial de la camiseta, inicio del torneo, avance de selecciones y actuaciones destacadas de jugadores
“Esto requiere que fabricantes y operadores logísticos se anticipen con modelos de proyección complejos. El reto es producir suficiente inventario sin arriesgar sobrestock en caso de eliminación temprana” añade Reyes.
Los jerseys mundialistas son reflejo de la evolución de las cadenas de suministro hacia modelos más ágiles, localizados y resilientes. La infraestructura logística, en eventos como el Mundial, debe responder a una demanda volátil, emocional y masiva. México no es solo sede de juegos, es un nodo activo dentro de la cadena:
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Fuente: PR
