En un equipo bajo presión, organizar una cena para fomentar el diálogo puede parecer una buena primera decisión. Pero, si quien lidera no comprende las tensiones que atraviesan a las personas, la iniciativa puede terminar agravando el conflicto. Esa es la lección que propone un artículo de la Federación Internacional de Coaching: el liderazgo actual requiere escuchar, generar confianza y adaptarse al sistema que se busca guiar.
La reflexión parte de una situación de Star Trek: Discovery. Un capitán recién ascendido debe conducir a su tripulación en una misión que la lleva mil años hacia el futuro. Aunque la nave logra el salto temporal, el equipo queda exhausto y deja de funcionar como un grupo articulado.
Una decisión que no atiende el problema de fondo
Ante un entorno desconocido y un equipo al límite, el capitán pide ayuda a la inteligencia artificial de la nave. La herramienta le ofrece dos alternativas: organizar una cena formal con su equipo directivo para propiciar el diálogo o compartir una comedia clásica de siglos atrás para aliviar la tensión.
El capitán opta por la cena, evaluando las posibilidades desde su propia perspectiva. La reunión no consigue relajar el ambiente: las tensiones contenidas estallan en confrontaciones y varias personas abandonan la mesa. Según el artículo, el equipo atraviesa un estado de agotamiento —descrito como burnout—, carece de seguridad psicológica y presenta una dinámica fracturada.
La escena es ficticia, pero sirve para plantear una situación reconocible en las organizaciones: un equipo que viene de un periodo de incertidumbre y estrés, mientras una persona recién llegada al liderazgo intenta tomar las riendas. En esas condiciones, actuar sin escuchar las necesidades del grupo puede dificultar la recuperación de la confianza.
De la autoridad vertical a una visión de equipo
Durante buena parte del siglo pasado, señala el texto, muchas empresas se organizaron con estructuras rígidas y jerarquías verticales. El rango y el estatus concentraban la autoridad; los errores se castigaban y la microgestión tenía más peso que la delegación.
Ese enfoque respondía a un entorno distinto, con economías más cerradas, comunicación presencial y dinámicas que podían resultar más previsibles. La apertura de mercados y la llegada de internet acompañaron la globalización. Hoy, en cambio, conviven equipos híbridos, multiculturales e intergeneracionales, mientras la inteligencia artificial se incorpora como herramienta estratégica.
Frente a ese panorama, la empresa puede entenderse como un ecosistema interdependiente, en el que las personas no son únicamente recursos, sino colaboradores en desarrollo continuo. El artículo relaciona este cambio con el Capitalismo Consciente, concepto asociado con John Mackey y Raj Sisodia: una perspectiva donde la creación de valor compartido y una ética organizacional amplia forman parte del propósito, y el beneficio financiero no es la única razón de existir.
Desde esa mirada, liderar implica poner el servicio por encima del estatus y cuidar el propósito y el bienestar de las partes interesadas. También requiere integrar distintas capacidades: el análisis, la inteligencia emocional, la dimensión espiritual y la comprensión sistémica de cómo interactúan las personas dentro de una organización.
El coaching como espacio para revisar decisiones
En la historia de la nave, el cambio comienza cuando el capitán conversa con el coach del equipo y revisa tanto las recomendaciones de la inteligencia artificial como sus propias reacciones. Al hacerlo, reconoce sus sesgos y advierte que tomó una decisión sin escuchar primero lo que ocurría en el sistema.
El artículo retoma una frase atribuida a Mario Alonso Puig: «Un líder no nace, no se hace: se entrena». En ese proceso, el coaching ejecutivo se presenta como un espacio de toma de conciencia, aprendizaje y diseño de futuro. Su objetivo, según el texto, es ayudar a quien lidera a desarrollar una visión más amplia, fortalecer la seguridad psicológica y reconstruir la dinámica del equipo.
La inteligencia artificial puede aportar alternativas, como ocurrió en la nave, pero no sustituye la reflexión sobre el contexto ni la escucha de las personas involucradas. El capitán necesitó revisar su perspectiva antes de tomar decisiones que fortalecieran al grupo. Esa distinción también importa en las empresas: una herramienta puede apoyar el análisis, mientras que comprender las necesidades del equipo sigue siendo parte del trabajo de liderazgo.
Qué puede aportar la ICF
La International Coaching Federation (ICF) plantea que, en un entorno laboral en transformación, el coaching puede ayudar a fortalecer la comunicación, la inteligencia emocional y la toma de decisiones. También puede apoyar el desarrollo del potencial de los colaboradores y la construcción de equipos más comprometidos.
Fundada en 1995, la organización cuenta con más de 56,697 miembros en más de 156 países y territorios, de acuerdo con datos de la ICF de julio de 2026; la cifra puede cambiar. La federación trabaja para impulsar la profesión del coaching, promover el aprendizaje continuo y defender estándares éticos. Lo hace a través de seis organizaciones que apoyan a coaches, clientes, empresas y comunidades.
Cuando los modelos basados en jerarquía y control ya no responden a las necesidades de un equipo, el artículo propone considerar el coaching ejecutivo como una vía para entrenar nuevas capacidades de liderazgo. La meta es que los resultados de una organización también puedan sostenerse en la confianza y el crecimiento de las personas que los hacen posibles.
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Fuente: PR
