La adaptación de Mal de amores, basada en la novela de Ángeles Mastretta, no solo llevó una emblemática historia de la literatura mexicana a nuevas audiencias. También activó una importante red de talento, proveedores y comunidades en distintas regiones del país.
Tras debutar en el Top 10 global de series de habla no inglesa y posicionarse entre las producciones más vistas en 30 países, Mal de amores vuelve a poner en alto una historia publicada originalmente hace más de 30 años, con una producción realizada de la mano de artistas, creativos y técnicos mexicanos.
Una producción que recorrió tres estados
La serie se filmó durante 93 días en Puebla, Ciudad de México y San Luis Potosí, un despliegue que requirió meses de planeación, búsqueda de locaciones y coordinación con comunidades locales.
El impacto de Mal de amores puede resumirse en las siguientes cifras:
- Más de 3,500 personas colaboraron durante el desarrollo de la producción.
- Más de 625 integrantes formaron parte activa del elenco y del equipo técnico.
- Más de 600 proveedores locales fueron contratados para cubrir distintas fases del proyecto.
- Se realizaron 93 días de filmación en tres estados.
- El equipo recorrió más de 125,000 kilómetros en la búsqueda y selección de locaciones.
- Se reservaron 10,800 noches de hotel a lo largo de la producción.
- Se elaboraron más de 500 prendas originales con fibras naturales.
- Más de 60 músicos participaron en la creación e interpretación de la banda sonora.
La filmación implicó la contratación de talento y servicios locales, reservaciones de hospedaje, traslados y la participación de comunidades en la preparación de los espacios. De esta manera, cada región donde se rodó la serie formó parte de una cadena de actividad económica vinculada directamente con la producción audiovisual.
Puebla, escenario para el México de principios del siglo XX
El estado de Puebla fue una pieza clave para construir la ambientación histórica de la serie. Sus calles, edificios y paisajes ayudaron a recrear el México de principios del siglo XX, con locaciones como el Palacio Municipal, la Biblioteca Palafoxiana y distintos rincones de Atlixco, desde donde pueden apreciarse los volcanes.
El trabajo en territorio requirió una logística detallada y procesos de casting para encontrar extras en municipios como Cuautinchán e Izúcar de Matamoros. También fue necesario recurrir al apoyo de coleccionistas locales, quienes facilitaron objetos de época para reforzar la autenticidad visual de la historia.
Entre las piezas utilizadas se encuentra un Ford T original de 1903, un vehículo que contribuyó a completar la recreación de la época y que representa la manera en que los recursos de cada comunidad pueden convertirse en elementos esenciales para una producción de gran escala.
Una banda sonora con talento mexicano
La música ocupa un lugar central en Mal de amores. Para la serie se creó un soundtrack especial que combina música original, selección de época e interpretaciones de artistas mexicanos y latinoamericanos.
La música original estuvo a cargo de Víctor Hernández Stumpfhauser, mientras que la selección de época fue realizada por Annette Fradera. La producción musical correspondió a Camilo Lara.
El álbum incluye la participación de Vivir Quintana, quien interpreta “Dolerás” y participa junto a Lila Downs en “Cuando nos vemos”. También forman parte de la propuesta musical Elsa y Elmar, Ximena Sariñana, Ely Guerra y Gaby Moreno.
Cada canción aporta una dimensión adicional a la historia y permite que la obra se acerque a nuevas audiencias a través de diferentes formatos. El comunicado también comparte un video en YouTube relacionado con la producción.
La historia de Emilia Sauri
Mal de amores se desarrolla en el México convulso y prerrevolucionario de finales del siglo XIX. Su protagonista, Emilia Sauri, es una mujer que lucha por sus convicciones y se niega a renunciar a sus sentimientos, incluso frente a las limitaciones impuestas por su condición femenina.
En el centro de su historia se encuentra el peligro de amar a dos hombres muy distintos. Por un lado está Daniel Cuenca, un aventurero y revolucionario que estuvo presente en los sueños de infancia de Emilia. Por otro, Antonio Zavalza, un médico que busca la paz en medio de la guerra civil.
La adaptación abre la puerta para que nuevas generaciones descubran la novela de Ángeles Mastretta, se acerquen a la trayectoria de su autora y regresen al libro desde una nueva perspectiva. El alcance internacional de la serie también coloca una obra clásica de la literatura mexicana frente a espectadores de distintos países.
Más que una producción: una red de colaboración
Las cifras de Mal de amores muestran el tamaño de una producción que dependió de mucho más que cámaras y escenarios. Detrás de cada jornada de rodaje hubo traslados, hospedaje, vestuario, música, servicios especializados, contratación de personal y colaboración con comunidades.
La participación de más de 600 proveedores locales y el trabajo conjunto de cientos de integrantes del elenco y el equipo técnico reflejan el alcance que puede tener una serie cuando sus distintas etapas se desarrollan con talento y recursos nacionales.
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Fuente: PR
