Artículo original por Sofía González Torres
En México existe un pilar económico silencioso pero crucial que históricamente ha sido ignorado: el trabajo de cuidados no remunerado. De acuerdo con el INEGI, este sector alcanzó un valor estimado de 8.4 billones de pesos en 2023, equivalente al 26.3% del Producto Interno Bruto (PIB). Este dato posiciona al trabajo de cuidados como un generador de riqueza mayor que sectores clave como la manufactura o el comercio. Sin embargo, continúa operando fuera de marcos legales, institucionales y financieros.
El desequilibrio del tiempo: una brecha de género estructural
Este esfuerzo monumental recae mayoritariamente sobre los hombros de las mujeres. Según el análisis de la experta Sofía González Torres, el 71.5% del valor generado por los cuidados no remunerados proviene del trabajo de mujeres, quienes dedican en promedio 63.7 horas semanales a estas labores, frente a las 27.9 horas que destinan los hombres.
Este desbalance se traduce en un fenómeno crítico: la pobreza de tiempo, que afecta al 62.9% de las mujeres, pero solo al 7.1% de los hombres. Esta condición tiene un fuerte impacto en el acceso al empleo formal y en la autonomía económica femenina. Prueba de ello es que casi el 70% de las mujeres sin trabajo remunerado señalan que no tienen quién las sustituya en las labores de cuidado.
Hacia un Sistema Nacional de Cuidados: del reconocimiento a la acción
En 2020, México dio un paso significativo al reformar los artículos 4º y 73 de la Constitución, reconociendo el derecho al cuidado y otorgando al Congreso la facultad para crear una ley general en la materia. A partir de este hito, se ha discutido la creación de un Sistema Nacional de Cuidados (SNC) que articule la participación del Estado, sector privado, comunidades y familias bajo un principio de corresponsabilidad.
Las experiencias internacionales muestran que este enfoque no solo es viable, sino deseable. El cuidado es ya considerado por organismos como la CEPAL y ONU Mujeres como el cuarto pilar del desarrollo, junto a la educación, la salud y la seguridad social.
Inversión social con retorno económico
Lejos de ser una carga presupuestaria, invertir en cuidados es una estrategia de crecimiento. Un estudio conjunto de CEPAL y ONU Mujeres proyecta que una inversión del 1.16% del PIB podría detonar un crecimiento del 1.77% en la producción nacional y un incremento del 3.9% en el empleo, principalmente por la incorporación de más mujeres al mercado laboral.
El compromiso de México con esta causa se ha reforzado con la firma del Pacto Regional por los Cuidados, durante la Conferencia Regional sobre la Mujer de la CEPAL en agosto de 2025. Este acuerdo plantea una inversión de hasta el 4.7% del PIB en la próxima década para garantizar el derecho al cuidado como una política de Estado permanente y no sujeta a sexenios.
Del hogar al Estado: el cuidado como bien público
El Compromiso de Tlatelolco reafirma una visión transformadora: el cuidado deja de ser una responsabilidad exclusiva del entorno familiar y femenino, para convertirse en un bien público y en un derecho humano universal. Este cambio de paradigma invita a reconocer el valor del cuidado, redistribuir su carga y establecer políticas públicas que lo respalden institucionalmente.
México se encuentra en una coyuntura histórica. La posibilidad de transformar el cuidado no remunerado en un sistema corresponsable, con recursos públicos y marco normativo sólido, representa no solo un acto de justicia social, sino una verdadera estrategia de desarrollo económico inclusivo.
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Fuente: PR
