México enfrenta una brecha importante entre el deseo de dejar de fumar y la posibilidad real de conseguirlo. De acuerdo con el comunicado del foro “Tabaquismo en México: un problema sin solución”, el país cuenta con aproximadamente 14 millones de fumadores; tres de cada cuatro quieren abandonar el cigarro, pero más del 80% no lo consigue.
En este contexto, las bolsas de nicotina han comenzado a ganar presencia como una alternativa sin combustión. Sin embargo, aunque ya pagan impuestos, todavía se comercializan sin una norma sanitaria específica que establezca límites de nicotina, etiquetado, controles de calidad o una edad mínima de venta.
Un foro para revisar la evidencia disponible
El Progressive Policy Institute (PPI), a través de su Project to End Smoking, y la Red México sin Tabaco reunieron en la Ciudad de México a especialistas de Estados Unidos, Suecia y México para analizar el papel de los productos de nicotina sin combustión.
La discusión buscó revisar qué se sabe actualmente sobre estas alternativas, cómo han sido evaluadas por otras autoridades sanitarias y cuáles son las preguntas que aún no tienen una respuesta definitiva en el país.
El panel estuvo integrado por la Dra. Priscilla Callahan-Lyon, exasesora científica principal de la FDA; Samuel Lundell, presidente de la asociación nacional de usuarios de snus y bolsas de nicotina de Suecia; y el Dr. Jesús Felipe González Roldán, presidente de la Red México sin Tabaco y de la Alianza de Asociaciones de Salud Pública de las Américas.
La moderación estuvo a cargo de Jeff Willett, director del Project to End Smoking del PPI, quien aportó la perspectiva relacionada con la salud cardiovascular y las metas de reducción del tabaquismo.
¿Qué son las bolsas de nicotina?
Las bolsas de nicotina son sobres pequeños fabricados con material poroso. Su tamaño suele ser similar al de una goma de mascar y se colocan entre la encía y el labio superior.
A diferencia del cigarro tradicional, no se fuman, no se inhalan y no se tragan. Tampoco producen combustión, humo ni ceniza. La nicotina se absorbe a través de la mucosa de la boca de manera más lenta y gradual que mediante la vía pulmonar.
En mercados donde existen estándares de producto, las bolsas pueden contener:
- Nicotina sintética o extraída de la planta de tabaco.
- Relleno vegetal o de celulosa.
- Agua.
- Saborizantes de grado alimenticio.
- Edulcorantes no calóricos.
- Reguladores de acidez.
Una diferencia importante es que las bolsas de nicotina no contienen hoja de tabaco. Esto las distingue del snus, que sí utiliza tabaco, aunque ambos productos pertenecen a la categoría de productos orales de nicotina.
Por lo general, las bolsas permanecen colocadas entre cinco y 60 minutos. Después se retiran y desechan, sin dejar residuos en el ambiente.
No obstante, el brief de contexto advierte que esta descripción corresponde a productos comercializados en países con estándares y revisión regulatoria. En México todavía no existe una norma de producto para esta categoría, por lo que la composición de lo que se vende en el país no está verificada por una autoridad sanitaria.
Las cifras del tabaquismo en México
El comunicado señala que en México hay aproximadamente 14 millones de fumadores. También indica que el tabaquismo se relaciona con unas 81 mil muertes al año, alrededor de 224 cada día, y con un costo estimado de 116 mil millones de pesos anuales para el sistema de salud.
El brief de contexto proporciona una cifra distinta y señala aproximadamente 63 mil muertes anuales, equivalentes a más de 170 al día. Esta diferencia aparece entre los materiales entregados para el foro, aunque ambos coinciden en la magnitud del problema y en el impacto económico para el sistema público.
Los datos de la ENCODAT 2025 incluidos en el brief señalan que:
- El 15.1% de la población de 12 a 65 años fuma, equivalente a unos 14 millones de personas.
- Alrededor de 5.5 millones fuman diariamente.
- En 2016, la prevalencia era de 17.6%.
- De cada 100 fumadores, 75 quieren dejar el cigarro.
- 57 intentaron abandonarlo durante el último año.
- Solo 16 lo consiguieron.
- El uso de bolsas de nicotina alcanza al 0.1% de la población de 12 a 65 años, unas 103 mil 731 personas.
- El uso de cigarro electrónico llegó al 2.6%, frente al 1.1% registrado en 2016, lo que representa aproximadamente 2.4 millones de personas.
El propio documento subraya que estas cifras describen la prevalencia y sus cambios, pero no permiten determinar por sí solas por qué aumentó o disminuyó el consumo de un producto, si una alternativa influyó en otra o qué política provocó un resultado específico.
Una categoría que paga impuestos, pero no tiene norma sanitaria
Uno de los puntos centrales del foro es la diferencia entre el tratamiento fiscal y el sanitario de las bolsas de nicotina.
El brief explica que las bolsas ya pagan un Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) del 200% bajo la categoría de “otros productos que contengan nicotina”. Sin embargo, no cuentan con un registro sanitario ni con una norma específica que establezca:
- Límites máximos de nicotina.
- Requisitos de composición.
- Reglas de etiquetado.
- Advertencias sanitarias.
- Trazabilidad de lotes.
- Edad mínima de venta.
- Mecanismos de vigilancia y reporte de efectos adversos.
El problema está relacionado con su composición. Al no contener hoja de tabaco, sino nicotina sintética o extraída de la planta, las bolsas no encajan automáticamente en un marco legal creado originalmente para los productos de tabaco.
En el mismo marco mexicano conviven categorías con tratamientos distintos. Los cigarros y puros son legales, aunque están sujetos a restricciones de publicidad, advertencias sanitarias y espacios libres de humo. El tabaco calentado se regula como producto de tabaco, mientras que los cigarros electrónicos y vapeadores están prohibidos desde enero de 2026 en cuanto a fabricación, importación, distribución y venta; el uso y la posesión personal no son delito.
Las bolsas de nicotina, en cambio, se venden y generan impuestos, pero carecen de reglas sanitarias propias.
Qué se sabe sobre sus efectos en la salud bucal
La salud bucal fue uno de los temas en los que el foro pidió distinguir con cuidado entre hallazgos documentados, afirmaciones no demostradas y asuntos que todavía permanecen en disputa.
En julio de 2026, la COFEPRIS emitió un aviso de riesgo en el que señaló la dependencia a la nicotina, posibles efectos sobre el desarrollo del cerebro adolescente, irritación de encías, abscesos periodontales asociados con el contacto prolongado y aumentos de la presión arterial y la frecuencia cardiaca.
La autoridad identificó como grupos de especial cuidado a menores de edad, mujeres embarazadas o en periodo de lactancia y personas con enfermedades cardiovasculares previas.
La evidencia disponible documenta cambios locales en la mucosa justo en el lugar donde se coloca la bolsa. Entre ellos se encuentran manchas blancas y, en algunos casos, retracción de la encía. El brief señala que estos hallazgos han sido localizados y reversibles en la literatura disponible.
También está documentado que la nicotina genera dependencia, sin importar el producto que la contenga, y que puede provocar aumentos temporales de la presión arterial y la frecuencia cardiaca.
Sin embargo, el material del foro advierte que actualmente no está demostrado que las bolsas de nicotina provoquen cáncer oral. Tampoco existe evidencia suficiente para afirmar que causen pérdida de dientes o enfermedad periodontal grave. Algunas de las afirmaciones más citadas provienen de un reporte con dos casos clínicos, cuyos propios autores advierten que un caso clínico no establece causalidad.
Los efectos a largo plazo tampoco están definidos. Estos productos llevan menos de una década en el mercado y todavía no existen datos epidemiológicos de seguimiento prolongado.
El contenido de nicotina no equivale a la dosis absorbida
Uno de los errores más frecuentes en la cobertura de las bolsas de nicotina consiste en comparar directamente los miligramos contenidos en un sobre con los miligramos que entrega un cigarro.
El contenido y la dosis absorbida son mediciones distintas. Solo una fracción de la nicotina presente en la bolsa se extrae y llega al organismo, mientras que la absorción por la mucosa oral es más lenta que la inhalación pulmonar.
Por ello, afirmaciones como “una bolsa contiene 25 veces más nicotina que un cigarro” pueden ser engañosas si no se explica la diferencia entre la cantidad total del producto y la dosis que realmente absorbe la persona.
El brief también señala que la falta de regulación limita la generación de evidencia. Si no existe obligación de declarar la composición, llevar trazabilidad de los lotes o reportar efectos adversos, resulta más difícil identificar patrones de riesgo. Incluso un profesional de la salud que observe una lesión no cuenta necesariamente con un sistema para notificarla o compararla con casos registrados por otros especialistas.
El desafío de proteger a niñas, niños y adolescentes
La posible exposición de menores de edad es uno de los principales puntos de preocupación en la conversación pública.
La ENCODAT 2025 no registró consumo de bolsas de nicotina entre adolescentes de 12 a 17 años. El documento pide interpretar este resultado con precisión: la encuesta no detectó consumo en ese grupo, pero esto no significa que pueda descartarse por completo.
En el mismo grupo de edad, el consumo de tabaco fumado descendió de 4.9% a 2.0%, su mínimo histórico, mientras que el uso de cigarro electrónico aumentó de 1.1% a 3.1%.
Entre los factores que generan preocupación se encuentran los sabores, colores, empaques y promociones en redes sociales; la venta en línea sin verificación de edad; y la disponibilidad de estos productos en puntos de venta cercanos a escuelas.
Por esa razón, cualquier marco regulatorio tendría que considerar una edad mínima verificable, restricciones de comercialización y mecanismos efectivos para impedir el acceso de menores.
Estados Unidos y Suecia: dos experiencias diferentes
Durante el foro también se revisaron los casos de Estados Unidos y Suecia, aunque se aclaró que ninguno puede trasladarse de forma automática a México.
En Estados Unidos, la FDA evalúa los productos de nicotina uno por uno. Los fabricantes deben presentar evidencia y la autoridad puede emitir autorizaciones condicionadas, solicitar vigilancia posterior a la comercialización o retirar un permiso si aparecen nuevos riesgos.
El 30 de junio de 2026, la FDA autorizó 20 presentaciones específicas de la marca ZYN para comunicar que su uso “en lugar de cigarrillos” reduce el riesgo de padecer cáncer de boca, enfermedades cardiacas, cáncer de pulmón, accidentes cerebrovasculares, enfisema y bronquitis crónica.
La autorización se otorgó bajo la clasificación de producto de tabaco de riesgo modificado, conocida como MRTP. No se trata de una aprobación para toda la categoría ni de una autorización general para cualquier bolsa de nicotina. Aplica únicamente a esas presentaciones y a las afirmaciones permitidas.
Las órdenes tienen una vigencia de cinco años, exigen vigilancia posterior a la comercialización y prestan especial atención al consumo entre menores. También pueden retirarse si el uso juvenil aumenta de forma significativa.
Suecia ofrece una experiencia distinta. El país tiene una larga historia cultural con el snus y cuenta con varias categorías de productos de nicotina que conviven legalmente bajo reglas diferentes. En 2024, el tabaquismo diario se ubicó en 5.4% entre personas de 16 a 84 años, una de las tasas más bajas reportadas en Europa y el mundo.
Samuel Lundell explicó que, desde su perspectiva, una migración masiva del cigarro hacia productos orales, acompañada de reglas claras de venta y un esquema fiscal diferenciado según el nivel de riesgo, contribuyó a esa evolución.
Sin embargo, el propio brief señala que la historia cultural de Suecia y su capacidad institucional limitan la comparación directa con México.
Qué debería incluir una regulación
A partir de la discusión internacional, el documento identifica cinco componentes que suelen formar parte de un marco para productos de nicotina oral:
- Protección de menores: edad mínima verificable, control de la venta en línea, restricciones de publicidad y medidas específicas para el entorno escolar.
- Estándares de producto: ingredientes permitidos, concentración de nicotina, calidad, empaque y trazabilidad de lotes.
- Comercialización responsable: reglas sobre las afirmaciones que pueden hacerse, los lugares donde puede venderse y quién puede distribuirlo.
- Vigilancia: reporte de efectos adversos, monitoreo anual del consumo y revisión pública de los resultados.
- Aplicación efectiva: autoridades competentes, sanciones y vías claras para retirar productos que no cumplan.
La propuesta discutida durante el foro no plantea ignorar los riesgos de la nicotina. Por el contrario, parte de la necesidad de establecer controles que permitan conocer qué se vende, cuánto contiene, quién lo consume y qué efectos produce.
El comercio ilícito también forma parte del problema
Los participantes también señalaron el peso del comercio ilegal de productos de nicotina. Según estimaciones difundidas en 2026, cerca de uno de cada cuatro cigarros consumidos en México proviene del mercado ilegal.
Esto representa una pérdida fiscal calculada en aproximadamente 13 mil 500 millones de pesos anuales y expone a las personas consumidoras a productos sin control de calidad, sin etiquetado y sin barreras de edad.
En días recientes, El Financiero informó sobre el decomiso de 5.4 millones de cigarros procedentes de Singapur en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, un caso utilizado como referencia en el material del foro para ilustrar la dimensión del comercio ilícito.
Una discusión que apenas comienza
El Dr. Jesús Felipe González Roldán resumió el pendiente señalando que México ya cuenta con productos que se venden y pagan impuestos, pero todavía carece de una norma sanitaria que fije límites de nicotina, exija advertencias en el empaque y garantice que la venta sea exclusiva para personas adultas.
La conclusión de los ponentes fue que la discusión debe abrirse desde una perspectiva técnica y basada en evidencia. Regular no significa declarar que un producto es inocuo, sino crear herramientas para medir su consumo, proteger a los menores, vigilar sus efectos y establecer diferencias claras frente al cigarro combustible.
Para las personas adultas que fuman, el punto central sigue siendo la reducción del daño asociado con la combustión. Para las autoridades, el desafío consiste en construir un marco que no deje una categoría comercialmente activa definida únicamente por su tratamiento fiscal y sin controles sanitarios suficientes.
Para más noticias de tecnología, cultura geek, gadgets y entretenimiento, visita: GeekAndLife.com.mx
Descubre más contenido en nuestras redes: Instagram | YouTube | TikTok

Fuente: PR
